Héctor Díaz Polanco. Elogio de la diversidad: globalización…

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  1. Luis Miguel
    Abr 03, 2012 @ 00:00:28

    Globalización tema polifacético y polémico por demás, fenómeno que impacta a cada momento nuestras vidas y que si bien no termina con nuestra historia ni homogeneiza nuestros repertorios culturales si comprime en todo caso nuestros tiempos y espacios cada vez más.
    Nuestra historia se acelera como podemos observar al vivir en un mundo de rapidez, fugacidad, impaciencia e instantaneidad, a muchos les está quedando corto nuestro planeta. De igual manera podemos percibir un potente efecto de este fenómeno, la individualización “la constatación de la ausencia del otro” en comunidades, urbes, y entre personas, siempre en busca de la sustitución de su identidad por otra nueva y mejorada aquella que concuerde mejor con lo de hoy. Nos impresionamos al encontrarnos con nuevas identidades y es que una sociedad individualizada solo pude dirigirse desde su más profundo interior a la búsqueda incesante de pertenecer a una comunidad. Es por ello que debemos comprender que la globalización no es uniformidad humana sino reinvención de las identidades.
    Esta reivindicación no se queda en los grupos y su identidad sino que es extrapolada hasta llegar la carácter de la diversidad no solo étnico-cultural, también la natural, la tecnológica, la económica, política y hasta utópica como se nos describe en la lectura estos ya no nos son tan interesantes como antes por ello su modificación. Aquí entra una parte fundamental expresada en la que debemos trabajar con cuidado, es la cuestión que implica distanciarnos del liberalismo antipluralista pero también de un cierto relativismo absoluto es decir desmarcarse del universalismo homogenizaste como de un etnicismo fundamentalista, algo difícil de mediar. Es importante señalar que la diversidad étnica y cultural a la que nos refiere esta lectura no es la que se da entre sociedades si no la que se da en el seno de una en específico, por ello hoy no presenciamos el encuentro de civilizaciones sino el permanente desdoblamiento étnico-cultural en el seno de una misma dispareja civilización Globalifágica donde la diferencias estigmatizantes o libertarias aparecen una y otra vez no por inercia histórica sino por mecanismos culturales de diferenciación. En síntes “la sociedad humana es una formidable máquina que fabrica incesantemente la diversidad”
    Al capitalismo se le considera y estoy de acuerdo con nuestro autor, como una obscena economía del mundo digámosle grosera y agresiva, que da el sustento teórico y practico al individualismo radical que ya hemos mencionado. Y aquel universalismo fetichizado y antipluralista es sin más una expresión de alineo histórico contradictorio y conflictivo: un orden social ecocida y etnocida pero que también paradójicamente es portador de valores que se pueden rescatar. Precisamente por su voracidad el de su afán por el dinero en un sistema mundo incluyente claro [el globalifóbico] que se ha interiorizado en la diversidad sociocultural ha hecho de ella algo de alcancé inimaginable. Una inmanencia del “otro” que por ello mismo ha permitido subordinarlo y a la vez reconocerlo en el razonamiento de que nosotros individuos somos portadores de la naturaleza humana no podemos ser desvalorizados del todo y es que surge así una obligatoriedad de reconocer en los “otros” a un “nosotros” paradójico ¿no?
    Por ultimo quiero rescatar algo que interpreto así, nuestro autor se ocupa de la diversidad en la globalización pero no solo registrando el hecho de que le dinero incumplirá siempre la promesa de uniformar usos y costumbres en dos clases mundiales: la de la alta sociedad y la baja trabajadora pues hay movilidad social, somos seres cambiantes y también creadores de nuestra propia vida el sistema de mercado puede entrar en nuestras vidas pero nunca determinara nuestra identidad. Y sin duda debemos tomar partido ante la súbita distinción de identidades que define Héctor como duras definidas por su historicidad y dinamismo, su heterogeneidad interna, su multiplicidad jerárquica, y su simultaneidad, de la efímera y liquida la de “identificación”: una serie inagotable y fluyente de diferenciaciones que se adaptan a un perfeccionismo a una diversidad de las mercancías en la hoy sociedad de consumo.
    Es así que el capital ha usado la multiculturalidad y el pluralismo como instrumentos para buscar incompatibilidades entre las diferencias más absurdas y mínimas. Una diversidad virtuosa se forma por el dinero desarrollándose así el absolutismo mercantil que nos dirige a una seudodiversidad: una puerta ficticia a la pluralidad humana y natural.
    Y ¿nosotros de que lado estamos?

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